Archivos para marzo, 2010


En el año 1981, tras veinte años de cientos de rumores, historias locas y anécdotas extravagantes se estrenó el film más representativo de Kenneth Anger “Lucifer Rising”.

Para hablar del proceso de esta película tenemos que remontarnos a los años sesenta, cuando Anger ideó una película que reuniera su obsesión por Aleister Crowley, el ocultismo, la simbología más extraña, los ovnis, el antiguo Egipto y el advenimiento de la Nueva Era.

Corría el año 1967 y Kenneth Anger ya había creado la que se considera la obra cumbre del cine underground “Scorpio Rising”.

Su mejor amigo (y amante según muchas fuentes) Bobby Beausoleil sería el encargado de componer la música para la película y al mismo tiempo protagonizaría el film. Pero por motivos que nunca se supieron, ambos tuvieron una gran pelea y Beausoleil robó el metraje del film y lo enterró en algún lugar del desierto.

Ya en los setenta, Anger seguía con su proyecto en mente, obsesionado con llevarlo a cabo. Contactó con el guitarrita de Led Zeppelin Jimmy Page que al igual que Anger sentía una enorme admiración por el mago Aleister Crowley. Pero abandonó el proyecto poco después por causas desconocidas (aunque aparecería finalmente pero sin acreditar, como el resto del reparto).

Kenneth Anger contactó con Mick Jagger para el papel protagonista, el de Lucifer, pero a causa de su negativa se tuvo que conformar con su hermano, Chris Jagger.

La relación entre el director y el actor fue muy complicada, al día siguiente de la llegada de Chris a Egipto, Anger lo envió de vuelta a Londres.

El papel de Lilith lo aceptó Marianne Faithfull, quien tras finalizar su compromiso cinematográfico no dudó en tildar a Anger de endiosado, mal director, ignorante y asesino. Esto último debido a una secuencia que tuvo lugar en Alemania donde Faithfull debió subir más de doscientos escalones de un templo neolítico con el sol sobre su cabeza y deshecha por el síndrome de abstinencia tras abandonar la heroína.

En la película puede verse como tras llegar a lo más alto del templo, se tambalea y casi se desmaya. Fue ingresada en un hospital por conmoción cerebral y lo que no pudo creer es que Anger utilizase esa toma para el montaje definitivo.

El director de cine Donald Cammell (Performance) interpretó el papel de Osiris y el propio Anger interpretó el papel de “El Mago”.

El resultado final de “Lucifer Rising” dista mucho del resto de la obra de Anger, aunque posee cierto encanto underground y la posibilidad de ver en una sola película verdaderas estrellas de la talla del ya mencionado Donal Cammell, Marianne Faithfull, Kenneth Anger… y nada más aparecer los créditos vemos que la música fue compuesta por Bobby Beausoleil quien realizó su trabajo desde la prisión de San Quintín, dándonos a entender que finalmente hubo reconciliación entre esa extraña y atípica pareja.

Sólo por el hecho de conocer el resultado final de esa película que parecía eternamente inconclusa, cualquier espectador amante del cine underground debería visionar esta obra que aunque irregular y algo densa tiene un halo de misterio y misticismo que traspasa la pantalla.

Las tomas de las pirámides de Egipto, la Montaña de la Estrella, el cráter de un volcán a punto de entrar en erupción, esa música atronadora y terrorífica de Beausoleil y finalmente esa llegada de platillos volantes que rodean la Gran Esfinge de Gizeh junto con otros múltiples detalles visuales igualmente hermosos y extraños hacen de “Lucifer Rising”, la gran obra de un gran director incomprendido pero libre y brillante aunque oscuro y misterioso.


El mundo de Hollywood está lleno de “actores” y “actrices” que realmente no  son más que un relleno hermoso para grandes películas y alfombras rojas, un grupo de personas que hoy están en la cresta de la ola y mañana no serán recordados.

Este no es el caso de la gran actriz Joan Crawford. Nacida en Texas en el año 1904 con el nombre de Lucille Fay Le Sueur, Joan Crawford vivió el paso del cine mudo al sonoro siendo en ambos una figura indiscutible y con una profesionalidad como jamás se ha visto ni se verá en Hollywood.

Responsable en el plató, disciplinada, muy puntual (incluso llegaba horas antes para echar una mano), obediente con las normas de los directores y productores llegando al extremo de firmar un contrato con Metro Goldwyn Mayer que incluso especificaba a qué hora debía irse a la cama cada noche.

A los ojos del público que la adoraba (y con razón) en sus diversos papeles en la gran pantalla y de sus compañeros de reparto, Joan Crawford era la mujer perfecta además de ser muy hermosa.

Su vida privada resultaba ser la otra cara de la moneda. Sentía un pánico extremo por los gérmenes y estaba obsesionada con la limpieza llegando al punto de lavarse las manos cada diez minutos o cambiar el váter de su casa cada vez que se divorciaba (se divorció cinco veces). Todo lo que se tocaba en su casa era limpiado personalmente por ella. Cuando promocionaba alguna de sus películas y se instalaba en un hotel, limpiaba el cuarto de baño nada más entrar por la puerta.

Evitaba el contacto físico y sólo fumaba cigarrillos si ella había abierto previamente la cajetilla, si alguien tocaba la cajetilla, la tiraba a la basura.

Nadie es perfecto y Joan Crawford no iba a ser menos, era extremadamente maniática pero excesivamente profesional y además colaboraba en diversas asociaciones benéficas.

Cuando despidió a su agente tenía motivos para ello; su caché fue donado íntegramente a la Cruz Roja pero éste no donó su parte.

Su enorme éxito en la vida profesional sólo era superado por sus múltiples amantes, tanto hombres como mujeres. Como llegó a afirmar la que era una de sus mayores enemigas, Bette Davis: “se ha acostado con todas las estrellas de Goldwyn Mayer excepto con la perra Lassie”.

Una vida llena de fama, éxito, un óscar y dos candidaturas, más de setenta películas en su filmografía. Aunque también maniática y devoradora de hombres y mujeres. Todo esto se le disculpa a cualquier actor, actriz o cantante pero lo peor estaba por llegar. Y se supo tras su muerte en mayo de 1977.

Joan Crawford había adoptado a dos niños: Christina y Christopher. Su hija Christina publicó sus memorias  con el título de “Queridísima mamá” poco tiempo después de la muerte de su madre.

En él nos cuenta las torturas y vejaciones a las que fueron sometidos por Joan Crawford.

Los castigaba con el menor pretexto imponiéndoles severas reprimendas, los despertaba a mitad de la noche por motivos absurdos con brutales palizas, los encerraba en armarios y les golpeaba con perchas.

Una mañana, Joan Crawford le informó a su hija que la enviaba a un internado porque no la soportaba.

Ambos callaron y hubieran seguido callados hasta que descubrieron tras su muerte que habían sido desheredados.

Y ésa fue la venganza de sus hijos, mostrarnos la verdadera cara de una de las mayores actrices de la historia del cine.

El libro fue adaptado en el año 1981 por Frank Perry e interpretada por Faye Dunaway en el papel de Joan Crawford.

Pero por muy dura que sea la película, probablemente no pueda compararse al infierno que tuvieron que vivir dos niños inocentes en la cara más oculta del mundo del cine.


En el año 1990 se estrenó la que es considerada “la peor película de la historia”. Recientemente se ha realizado un documental sobre esta película con el título de “The worst movie ever”.

El director italiano Claudio Fragasso bajo el pseudónimo de Drake Floyd no tenía ni idea de que aquella película mitad comedia-mitad horror-mitad fantasía acabaría por convertirse en un referente indiscutible de los círculos del cine más freak.

Sin tener absolutamente nada que ver con la anterior “Troll” rodada cuatro años antes, “Troll 2” nos cuenta la historia de la clásica familia media norteamericana que decide trasladarse durante un mes al remoto pueblo de Nilbog para vivir la experiencia de ser granjeros de la América profunda.

No tardarán en darse cuenta que en ese pueblo, todos sus habitantes son goblins (curiosamente en la película no aparece ni un solo troll).

El hijo pequeño de la familia en compañía de su abuelo fantasma intentarán salvar su vida en mitad de un caos de paletos asesinos y su terrorífica Reina Goblin.

Es indudable que con semejante sinopsis se la haya considerado como la peor película de la historia, pero “Troll 2” es ante todo una película muy divertida, incluso tierna e inocente dentro de su patetismo.

Las interpretaciones rozan el esperpento, tan sólo el niño protagonista parece esforzarse por resultar natural mientras los actores adultos esbozan unas muecas de terror que causan cualquier cosa menos miedo en el espectador.

Los efectos de maquillaje parecen sacados de una clase de primer curso de FX, pecas pintadas con rotulador, goblins con máscaras carnavalescas, agua de color verde a modo de fluidos vegetales…

Pero sin duda, el aspecto que hace de “Troll 2” una película única y digna del lugar de honor que el cine cutre le ha otorgado son sus diálogos.

Al principio del film, el novio de la hija de la familia protagonista se cuela en su habitación e intenta intimar con ella, recibiendo a cambio una patada en la entrepierna. El chico exclama: ¿Es que quieres que me vuelva gay?

Esa conversación (que no dura más de cinco minutos) es el culmen de lo absurdo.

El novio le comenta que quiere acompañarla con sus amigos a Nilbog, ya que tienen una caravana y ella le dice: ¿También te acuestas con tus amigos? no creo en el sexo en grupo.

-Si mi madre te pilla aquí fríe tus huevos y se los come (por haberse colado por la ventana de su dormitorio).

En otro momento de la película la hija se refiere a su hermano pequeño Josh como una mierda a lo que su madre le dice:

-Tu hermano no es una mierda, es sensible.

Ya casi al finalizar el film, Josh se defiende frente a la Reina Goblin con un sandwich de mortadela (no hay que olvidar que los goblins sienten aversión por la carne, según la película, claro).

-Nooooooooo, no lo hagas, ¡mortadela!, demasiado colesterol, sin olvidar las toxinas.

Tras esta breve descripción queda claro que “Troll 2” es una película diferente y desenfada. ¿En que otra película sino en esta podemos descubrir una relación sexual sin quitarse la ropa mientras el maíz que los rodea se transforma en palomitas lanzadas por el resto del equipo ténico?

Y así un larguísimo etcétera de momentos hilarantes que prefiero no desvelar por si aún queda alguien que no haya visto semejante anti-hazaña fílmica.

A pesar de todo lo expuesto, “Troll 2” es una de las películas que más reestrenos conoce, con una legión de innumerables fans que la adoran y la defienden a ultranza, cuyo grito de guerra es el famosísimo: -Oh my gooooooooooooooooooooooood!!! que a continuación reproduzco y que fue calificada como “la peor reacción de la historia del cine”.

Podemos calificar esta película como mala, mediocre, cutre, sin sentido, disparatada, mal realizada, mal interpretada y muchas críticas similares, pero ante todo hay que reconocer que “Troll 2” es única. Y eso en el mundo del cine ya es todo un mérito.


Tras la muerte de Franco en 1975 la libertad invadió cualquier círculo, cualquier ambiente y como no, el cine fue uno de ellos.

La denominada libertad sexual empezó con el cine que se denominó cine “S” que no era más que un reclamo para atraer masas y masas de público curiosos en busca de desnudos o sexo en la gran pantalla.

Así como antes incluso los títulos de películas eran cambiados por ser “indecentes” o bien cambiar frases de guiones como por ejemplo alterar la frase “pueden correrse un poco” por “pueden moverse un poco”. Los títulos de esta nueva generación hambrienta de libertad llegaron a un punto álgido con un trasfondo muy cómico que parecía que funcionaba y empujaba a los ciudadanos a las salas de cine.

Se podría decir que Lina Romay fue la mayor figura de esta nueva época trabajando en no pocas películas del subgénero junto a su marido Jesús Franco en filmes como: La chica de la bragas transparentes, El ojete de Lulú, Para las nenas leche calentita, Un pito para tres, Una rajita para dos…

Y en esto quisiera incidir, en esos títulos disparatados que hoy en día se han convertido en verdaderos clásicos.

Aparte de los ya mencionados del tándem Franco-Romay nos encontramos con otros títulos similares en lo que se refiere a total desvergüenza.

Así tenemos por ejemplo: No me toques el pito que me irrito, La Pitoconejo, Mi conejo es el mejor (con Lina Romay), Atraco a sexo armado, En busca del polvo perdido, El fontanero, su mujer y otras cosas de meter (también con Lina Romay), Esas chicas tan pu…, Colegialas lesbianas y el placer de pervertir, Ya no soy virgen ¡olé! ya no soy virgen, Porno situación limite y un larguísimo etcétera.

Y así hasta sumar cientos de películas ya olvidadas que pese a quien le pese formaron una parte indiscutible de la libertad no sólo sexual sino global de una España ávida de sensaciones nuevas.

A directores como al ya mencionado Jess Franco le debemos dar las gracias por sus peculiares aportaciones a directores como Carlos Aured, Justo Pastor y a diversos actores y actrices como Andrea Albani, Teresa Gimpera y otros muy consolidados entonces y ahora que no les quedaba otra opción que participar en estas películas si querían seguir trabajando como fue el caso de Alfredo Landa, Emilio Gutiérrez Caba…

Tras el cine denominado “S” apareció el cine clasificado “X” con muy poca imaginación y ya alejado del sentido del humor cañí que caracterizaba a este subgénero. El lapso de tiempo fue corto pero muy fructífero.

¡Larga vida al cine “S”!


Salem’s Lot fue la segunda adaptación de una obra del escritor Stephen King tras “Carrie” dirigida por De Palma en 1976.

El encargado de llevar a cabo esta miniserie de cuatro episodios fue Tobe Hooper (La matanza de Texas, Invasores de Marte) y fue estrenada en 1979 en el canal CBS.

Poco después se redujo el metraje total de cuatro horas de duración por una versión mucho más corta y con bastante menos gracia que se llamó “Salem’s Lot, The Movie”.

En España la película se llamó “Phantasma 2”, un reclamo publicitario para engañar al espectador aprovechando el éxito del film “Phantasma” de Don Coscarelli cuyo argumento no tenía nada que ver ni con la obra de King ni con la película de Hooper.

Salem’s Lot cuenta la historia de un escritor que regresa al pueblo de su infancia para escribir un libro acerca de una misteriosa casa que le aterrorizaba de niño. En esa casa vive actualmente un vampiro que poco a poco va transformando a los habitantes del pueblo en criaturas ávidas de sangre.

Stephen King alabó la adaptación de su obra exceptuando la caracterización del vampiro jefe Kurt Barlow, que se llevó a cabo de ese modo como homenaje directo a “Nosferatu” de Murnau.

Salem’s Lot llegó a España en el verano de 1985 y desde ese momento los niños de esa generación quedamos atrapados, asustados y fascinados por las imágenes que se nos presentaban.

El horrible rostro de Kurt Barlow con sus ojos amarillos y sus colmillos afilados surgiendo de entre las sombras, el niño vampiro que rasca el cristal de la ventana de su amigo, el depósito de cadáveres donde la sábana de una de las víctimas comienza a temblar mientras el protagonista reza y fabrica un crucifijo con el que defenderse…

Sin ninguna duda, Salem’s Lot se nos grabó en la mente de quienes tuvimos la enorme suerte de poder visionarla por vez primera siendo niños. Una vez revisionada sigue poniendo los pelos de punta, transmitiendo esa sensación de miedo que tanto nos gusta a algunos.

Los que pertenezcan a la “Generación de Salem” seguro que aún sienten un leve escalofrío observando estas imágenes, recordando ese verano de 1985 donde observamos el mito del vampirismo de la mano de Stephen King y Tobe Hooper.

Y seguro que también reniegan de esa segunda parte dirigida por Larry Cohen en 1987 con el original título de “Regreso a Salem’s Lot” al igual que al mediocre remake del año 2004 protagonizada por Rob Lowe y Rutger Hauer.

Salem’s Lot nos añadió nuevas pesadillas, ¿o acaso fui el único que creía escuchar una voz de niño tras la ventana rogándome que le dejase entrar?

La magia del cine, en este caso el cine de terror, consiste en eso, en instalarse en nuestro subconsciente y quedarse allí para siempre.

Y Salem’s Lot lo logró, vaya si lo logró.