Archivos para abril, 2010


Puesto que el post anterior sobre carátulas de cine de terror ha sido de las que más éxito y comentarios ha tenido del blog, haré como en el mundillo del cine. Si algo tiene éxito se realiza una segunda parte.

Devanándome los sesos durante un par de días y preguntando a amigos y conocidos de mi edad también asiduos a alquilar en el videoclub de su barrio y añadiendo un par de títulos que no añadí en su momento por no saturar el post, creo que por fin he conseguido reunir un par de títulos muy significativos.

Uno de ellos el remake de The Blob, titulado aquí “El terror no tiene forma”. Un más que correcto remake sobre el clásico protagonizado por Steve McQueen cuya carátula agobiante y terrorífica me hizo alquilarla hace ya tantos años.

Y como no, su frase promocional, que fue algo así como la guinda del pastel de gelatina de color rosa extraterrestre que dice: ¡Grite ahora! Mientras haya espacio para respirar.

Su carátula actual en formato DVD tampoco está nada mal, pero no alcanza el nivel de mal rollo de esta (aunque lo más posible es que tenga que ver con mi edad actual).

Otra de esas carátulas clave de mi infancia fue la segunda parte de la saga zombi de George A. Romero. En esta ocasión fue el gore lo que me hizo alquilarla repetidas veces. Hasta el punto de ser una de las películas que más veces he visto en mi vida. Como en el cine de Romero, la portada era concisa y directa; un zombi con un machete clavado en su cráneo.

Y también en esta ocasión la imagen era coronada por una frase inolvidable: Cuando no haya lugar en el infierno, los muertos vuelven sobre la tierra…

Desde mi punto de vista, esta es la película de Romero más brillante y salvaje.

Cerraría su trilogía con El día de los muertos, que aún siendo una película de zombis muy elaborada, no llegaría al nivel de la segunda parte.

En el año 1980, Joe Dante realizaría su particular visión sobre el mito de los hombres lobo. Y años más tarde su carátula nos esperaba en nuestro videoclub. Esta es una de las portadas más conocidas del género.

Tras el éxito de su primera parte se llegarían a rodar hasta siete continuaciones, cada una de ellas más mediocre que la anterior. Para cualquier amante del terror, Aullidos comienza y termina con este título.

Su carátula no deja lugar a la imaginación. Pánico y garras de hombres lobo.

También podía suceder que algunas carátulas nos daban pánico y fascinación a partes iguales esperando visionar una película más allá del terror y una vez visionada, darnos cuenta que habíamos caído en el engaño y habíamos alquilado una película de terror en clave de comedia.

Como fue el caso de Ghoulies, especie de versión parodia cutre de Gremlins que nos contaba la historia de una invocación satánica que despertaba a esas criaturitas diabólicas que pretendían abrir las puertas del infierno.

Película completamente olvidable, y sus secuelas mucho más. Se rodaron tres continuaciones que fueron a parar directamente a formato de vídeo.

También comprensible dado que esta primera parte costó un millón de dolares y recaudó más de treinta y tres millones.

Y muy parecido fue el caso de La Puerta, cuya carátula prometía algo que no cumplió.

Sigue un poco la línea argumental de Ghoulies. Una puerta del infierno es abierta por error y por ella se cuelan una serie de enanitos deformes de dientes puntiagudos y muy mala leche obsesionados con liberar al demonio del infierno e instalarlo en la Tierra.

Sólo se llegaría a rodar una secuela (afortunadamente). Y es una de esas películas que casi todos hemos visto y apenas recordamos.

Como curiosidad podemos ver como protagonista luchando contra el demonio a un jovencísimo Stephen Dorff.

Un título que prometía terror a raudales y también nos llevaba a engaño su carátula fue el caso de House.

Reeditada recientemente en formato DVD (curiosamente respetando la carátula original en VHS), House es una película inolvidable con mucho que ofrecer. Comedia, horror, sangre, demonios, zombis…

Protagonizada por William Katt (El gran héroe americano), House también conoció secuelas, en este caso tres.

Pero ninguna de ellas tiene ese aire de originalidad que caracteriza a la primera.

Su argumento cuenta la historia de un escritor que se traslada a vivir a casa de su tía que se ha suicidado recientemente. En esa casa su hijo desapareció años atrás y él tiene la seguridad de que aún sigue allí.

En la casa abundan todo tipo de monstruos deformes y traumas que se pueden hacer realidad.

Una carátula que bien vista es más cómica que terrorífica pero que en sus tiempos impactaba la imaginación infantil.

Película absolutamente recomendable e involvidable.

Y luego está la portada de la que fue mi obsesión durante toda mi infancia. Una de mis películas favoritas hasta el día de hoy.

¡¡USTED SE DIVERTIRÁ SINTIENDO MIEDO!!

Y así es. Creepshow es una película redonda que mezcla con una habilidad increíble la comedia y el horror creando un coctel que roza la perfección.

Con un reparto estelar (Ed Harris, Ted Danson, Leslie Nielsen, Adrianne Barbeau, E.G. Marshall, Viveca Lindfors…), guión escrito por Stephen King y dirigida por George A. Romero, Creepshow es un clásico absoluto del cine de terror.

Su segunda parte no llegaría ni por asomo al nivel del original, pero aún así es una película que se deja ver y a ratos entretiene.

También existe una tercera parte que como suele pasar en estos casos, se lanzó directamente a DVD. Ni me molesto en comentarla.

El ascensor fue una película que tardé tiempo en alquilar. Obviamente porque en mi edificio había ascensor. Su carátula me atraía y me repelía a partes iguales. Su exagerada frase promocional era demasiado.

Años después la ví por televisión, ya algo más crecidito y pude darme cuenta una vez más del engaño de ciertas carátulas.

La película trata sobre un ascensor de un enorme edificio que tras una noche de fuertes tormentas, parece cobrar vida propia asesinando a todo aquel que se sube en él.

Originalidad cero, pero su carátula aún siendo muy sencilla me causó más terror que la película.

Creo que no conservo en mi memoria ni dos minutos de su metraje.

Pacto de sangre, dirigida por el fallecido genio de efectos especiales Stan Winston, nos cuenta la historia de un hombre destrozado por el asesinato de su hijo que convoca a las fuerzas de las tinieblas para vengarse.

Había olvidado por completo esta carátula en la primera parte, y ésta fue sin duda alguna, de las carátulas que más me traumatizaron en mi infancia.

Tanto es así que jamás la alquilé aunque me moría de ganas de hacerlo.

Sé que la ví muchísimos años después (vi primero la segunda parte) pero como suele ocurrir en estos casos y como tanto he repetido anteriormente, una vez vista adiós trauma. Una pena.

Y ya llegamos al final de esta segunda parte recordando una carátula que aún no entiendo como no añadí en el primer post teniendo en cuenta que además estaba en la lista.

Visto el número de personas que me han comentado por qué no la añadí, añado la imagen en mayor tamaño que el resto de carátulas y procuraré extenderme sin enrollarme demasiado.

El terror llama a su puerta (titulada así en España, en realidad se llama Night of the Creeps) es una película de serie B ochentera adolescente muy simpática y muy bien realizada.

En ella, unas babosas del espacio llegan a nuestro planeta con la intención de conquistarnos. Su método es introducirse en la boca de los humanos y convertirnos en zombis (muchos años después se realizaría una película con una temática más idéntica que similar con el título de Slithers).

Su director Fred Dekker rodaría después otro clásico ochentero adolescente como fue Una pandilla alucinante.

Tras esa, dirigió Robocop 3. Un curriculum extraño el de este director.

En definitiva, El terror llama a su puerta es una de las carátulas más recordadas por todos nosotros. Y también de las más evocadoras de nuestra niñez cinéfila.

Que haya tercera parte depende de los lectores. Si gusta, habrá más. Me pregunto que carátulas os daban miedo a vosotros…


Joe Dallesandro es el único e indiscutible referente erótico masculino underground del siglo veinte.

Descubierto por Andy Warhol y Paul Morrissey a finales de los setenta, Dallesandro se convirtió inmediatamente en el protegido de ambos, participando en todos los proyectos que se rodaron en la Factory.

Con un turbio pasado de chapero y actor porno gay, se interpretaría a sí mismo en la famosa trilogía dirigida por Morrissey y producida por Warhol: “Flesh”, “Trash” y “Heat”.

Es por su participación en dichas películas cuando se convierte en un icono sexual tanto para hombres como para mujeres.

Sin ningún tipo de reparo a desnudarse frente a una cámara (en “Flesh” aparece totalmente desnudo más de la mitad de la película), Dallesandro rompió el tabú del desnudo masculino en el cine. Incluso se podría decir que actuaba mejor sin ropa que vestido.

Si sumamos su gran atractivo físico junto con su abierta bisexualidad entenderemos por qué Warhol no paró hasta convertirlo en una super estrella del cine que producía.

En la citada trilogía que le lanzó a la fama, Dallesandro no necesitaba interpretar ningún papel. Al contrario, se podría decir que Morrissey colocaba una cámara oculta y él se manejaba como en la vida real. Rodeado de travestis, yonkis, fulanas y chaperos de la peor calaña, se limitaba a revivir su pasado de la manera más sencilla. Siendo él mismo.

En el año 1973, Paul Morrissey rueda “Carne para Frankenstein” y un año más tarde “Sangre para Drácula”. En esta ocasión Dallesandro le cede el testigo de protagonista al actor Udo Kier, mucho más formado y versátil.

Ambas películas fueron rodadas en Europa y Joe decide no volver a los Estados Unidos, participando en numerosas películas de serie B y trabajando a las órdenes de directores de renombre como Louis Malle o Jacques Rivette, entre otros.

Años después regresa a Estados Unidos y continúa trabajando en el cine, esta vez con directores tan importantes y dispares como John Waters, Francis Ford Coppola y Steven Soderbergh.

Su imagen y su nombre como reclamo publicitario o simplemente como homenaje apenas tiene límites. Grupos musicales como Rolling Stones o The Smiths han utilizado su imagen en portadas de sus discos.

Cantantes de la talla de Lou Reed lo han incluido en sus letras. En este caso en concreto en la canción Walk on the wild side, donde Lou Reed se refiere a Dallesandro como Little Joe. Esto explica el tatuaje que luce en su hombro derecho.

Hoy en día, a sus sesenta años y más de cuarenta películas en su haber, Joe Dallesandro continúa siendo ese icono de la subcultura más brillante y creativa. Una leyenda viva que en ningún momento ha renegado de su pasado, demostrando ser un artista brillante, único y auténtico.


El mérito de John Waters no se limita sólo al terreno cinematográfico. John Waters era el mejor caza talentos del mundo.

No hay más que recordar a nuestra amada y recordada Divine para darnos perfecta cuenta de ello. Fue Waters quien nos la descubrió y quien supo explotar su lado más artístico y psicotrónico.

Pero aparte de Divine hubo otra mujer en el universo Waters que la superaba en cuanto a autenticidad e inocencia casi infantil, y esa mujer fue la gran Edith Massey.

Descubierta por John Waters en el bar de Baltimore donde solía acudir con sus amigos y donde Edith trabajaba como camarera, Waters sintió que esa extraña mujer con esa curiosa voz nasal y esa boca desdentada podía ser incluída en sus películas.

Inmediatamente la fichó para Multiple Maniacs, donde interpreta a una bailarina de claqué (dado el tamaño de Edith Massey y su más que notable exceso de peso, nos damos perfecta cuenta del humor negro de John Waters).

En su siguiente colaboración con Waters, fue cuando la gran Edith Massey pasó a la historia. Y fue, como no, con Pink Flamingos. En ella interpreta a Mama Eddie, la madre de Divine. Comedora compulsiva de huevos que duerme en una cuna de bebé, ese personaje se ha convertido en un verdadero mito underground del séptimo arte más bizarro, y con razón.

Tras Pink Flamingos, colaboraría en varios films de Waters: Cosas de hembras, Desperate Living y Polyester.

Pero su carrera artística no sólo se limitaría a la interpretación. A finales de los años setenta, Edith Massey se convirtió en líder y vocalista de un grupo punk llamado Edie and the Eggs.

Su imagen como cantante de un grupo punk no tenía precio. Vestida con un ceñido traje negro de cuero que dejaba entrever sus michelines, maquillaje gótico exagerado y una araña de goma pegada en la cara, Edith demostró que el éxito, el amor del público y la felicidad van mucho más allá del aspecto físico. Al contrario, hay que servirse de él para triunfar.

Poco después abre una tienda en Baltimore de artículos de segundo mano llamada Edith’s Shopping Bag, que tendría muchísimo éxito dado el número de fans con los que contaba en el auge de su carrera artístico-musical.

Cuando se acentúan sus problemas de salud, se traslada a California donde vuelve a abrir otra tienda de artículos de segunda mano. Y es también allí donde le llegaría su última colaboración en una película en el mismo año de su muerte, en 1984.

La película fue Mutantes en el paraíso, primera película en la que actuaba que no fue dirigida por John Waters.

Hay disponible un corto documental de catorce minutos rodado en el año 1975 dedicada a la gran actriz underground con el título “Love letter to Edie”.

Disponible un pequeño extracto en Youtube y también en diversas páginas de descarga, Love letter to Edie es un homenaje en vida a una figura tierna, cálida y sensible que ha sido querida por una auténtica legión de fans a lo largo y ancho del mundo.

Larga vida al recuerdo de Edith Massey y larga vida a John Waters por descubrirla.


El día cuatro de agosto de 1.892 tuvo lugar un crimen que pasó a la historia como uno de los más confusos, extraños y con el final más inesperado que se recuerda.

El crimen en sí fue violento, muy violento, pero no tanto como otros que por desgracia lo fueron aún más. En este doble asesinato en concreto el misterio giraba en torno a la que fue señalada como única sospechosa: Lizzie Borden.

Lizzie Borden podría representar la figura de fría asesina que tuvo la fortuna de ser declarada inocente a pesar de las numerosas pruebas que la señalaban como autora del crimen o bien como una pobre víctima cabeza de turco que fue juzgada como criminal siendo totalmente inocente.

Los hechos tuvieron  lugar en Massachussets, en la residencia Borden donde además de Lizzie vivía su hermana Emma, el padre de ambas y la mujer de éste.

El día de los brutales asesinatos, Emma no se encontraba en la casa y fue Lizzie quien descubrió el cadáver de su padre en un sofá con once hachazos en la cabeza. Inmediatamente avisó a la criada del terrible hallazgo informando que el asesinato tuvo que ocurrir en el momento en el que ella estaba en el establo.

Llamaron a un médico que se personó en el domicilio confirmando la muerte del padre de Lizzie. Cuando subieron a la planta alta para informar a la madrastra de Lizzie del terrible crimen descubrieron que también estaba muerta. También a hachazos; veintiuno.

La policía descubrió que la puerta principal estaba cerrada con llave, así como la verja que rodeaba la casa no se encontraba forzada, también encontraron cuatro hachas en el sótano.

Esto convertía a Lizzie y a la criada, Bridgest Sullivan como principales sospechosas.

Lizzie contó a la policía que el asesino pudo entrar por la puerta de la cocina, pero no se encontraron pruebas que apoyaran su versión. Fue detenida por sospechosa de doble asesinato el día once de agosto.

Lizzie proclamaba su inocencia, pero la policía veía motivos más que claros para señalarla como única culpable.

En primer lugar, su padre tenía muchísimo dinero, pero lo administraba sólo él. Su avaricia impedía a Lizzie vivir más desahogadamente. En segundo lugar impedía a su hija a hablar con extraños y a llevar una vida independiente a pesar de que en aquel entonces Lizzie tenía cuarenta años. Y en tercer lugar, su absoluto odio por su madrastra.

Su abogado alegó en el juicio que era imposible matar a dos personas a hachazos y no tener ni una gota de sangre en la ropa pero al desconocerse el momento exacto del crimen, bien pudo cambiarse de vestido antes de avisar a la criada del hallazgo del cuerpo sin vida de su padre.

Se pudo probar que poco después del crimen, Lizzie había quemado un vestido para ordenar el guardarropa según sus propias palabras. También se descubrió que ese día no había estado en el establo como había informado ya que no se encontraron pisadas y la temperatura en el establo era demasiado elevada como para aguantar en él más de unos minutos.

A pesar de tantas incongruencias, el juez la dejó en libertad  y tanto la prensa como el público la apoyó durante el proceso.

Jamás se encontró a ningún otro sospechoso y el doble crimen quedó sin resolver.

Lizzie y su hermana Emma por fin pudieron vivir una vida tranquila, sin la avaricia de su padre y sin su odiada madrastra.

La historia de Lizzie Borden ha llegado a nuestros días en forma de películas, documentales e incluso con una aparición en la serie de televisión Los Simpsons.

Lizzie Borden fue tratada como una mártir, el primer caso de una mártir que muy posiblemente asesinó a hachazos a su padre y a su madrastra. Por este motivo su imagen aún sigue interesándonos y despertando nuestra curiosidad más morbosa.


Cualquier persona asidua a alquilar películas en los tristementes desaparecidos videoclubes de barrio, sin duda guardarán en su memoria las portadas de ciertas películas que con el paso de los años aún nos provocan algún ligero escalofrío al recordarlas.

Películas que si bien no alquilamos en aquel momento por puro terror, una vez adultos pudimos comprobar que la portada transmitía mucho más pánico que la película en sí.

Estaba claro, película mala – portada llamativa, pero independientemente de las artimañas de las productoras para que sus películas fuesen vistas en cine o posteriormente alquiladas con nuestro carnet de socio, esas carátulas lograron grabarse en nuestro subconsciente llegando al punto de provocar empatías cinéfilas incluso años y años después.

Como es el caso de la portada de Noche de Miedo, la película de terror de vampiros en clave de comedia del director Tom Holland. He conocido a muchísimas personas que sentían lo mismo que yo al ver la película en la estantería de su videoclub habitual.

Ya de adulto incluso la adquirí en DVD tan sólo por el hecho de tener esa portada en mi colección de películas de la infancia.

También por aquella época había otra carátula muy similar a la de Noche de Miedo y que también provocaba el mismo terror en otras personas. Por aquella época yo aún no sabía quien era Andy Warhol o mejor dicho, que se dedicaba al cine y fue con su película  Sangre para Drácula cuando descubrí que Warhol le daba a todos los palos y también que el mundillo de Hollywood en ocasiones es muy poco original copiando carátulas de películas de cine independiente.

Una vez revisionada, Sangre para Drácula es una película absolutamente artística, realizada con un mimo casi conmovedor e interpretada por un Udo Kier en estado de gracia (como siempre en su caso).

Pero la historia se repite, su carátula con ese vampiro entre las nubes, ese castillo tétrico y esa silla de ruedas entre la neblina no tiene nada que envidiarle a todo el metraje del film en lo que a a miedo se refiere.

Pero hubo otras carátulas que sí que dejaron en mí una huella imborrable como fue el caso de Xtro.

Película recientemente editada en DVD en nuestro país (con una carátula tan mala que no da ni risa si la comparamos con la original) Xtro cuenta la historia de un hombre que tras ser abducido por un OVNI vuelve a la tierra con un extraño ser parásito en su interior. Precisamente la imagen de ese extraño ser alienígena fue lo que me tuvo tantas noches sin dormir de niño.

Como me pasó con las anteriormente mencionadas carátulas, la película resultó ser un bodrio ochentero pero con bastante gracia.

Otra de las tantas carátulas que me impresionaron o que incluso me traumatizaron aunque si me preguntan ahora no sabría responder por qué fue la infame The Stuff, también llamada In-natural.

La película trata lisa y llanamente de una marca de yogur que crea adicción y asesina a quien no puede resistirse a engullir compulsivamente el producto.

En su momento el argumento no me interesaba (ni siquiera recuerdo haber mirado la sinopsis) pero no podía dejar de sentir un ligero escalofrío al ver a esa familia que emerge de entre las sombras ofreciendo algo que como se puede ver en la carátula dice: Crea dependencia, controla la mente, absorbe la vida…

Y más o menos por esa época descubro la película Evil Dead 2 (rebautizada en España con el absurdo título de Terroríficamente muertos).

Esa calavera con ojos humanos fue algo que se me quedó muy grabado hasta que decidí alquilarla y descubrí con asombro y cierta vergüenza ajena que se trataba de una película más comica que terrorífica. Aunque por otro lado gracias a este film conocí a Sam Raimi y de ese modo conocí la que hoy es una de mis películas de terror favoritas: Posesión Infernal.

En esa época también había un pequeño lugar entre mis sueños para las películas gore, normalmente solían ser carátulas donde la sangre abundaba y también la imaginación (como es el caso de la mencionada en el anterior post Holocausto Caníbal), sin embargo fue Pesadillas de una mente enferma la que me aterrorizó más que ninguna otra de ese género.

Gráfica hasta la náusea (y nunca mejor dicho) Pesadillas de una mente enferma nos muestra un hombre con un hacha clavada en su cráneo. Aunque ahora que vuelvo la vista atrás recuerdo que mi verdadero miedo radicaba más en la frase promocional que en la carátula en sí: LA PELÍCULA DE TERROR PROHIBIDA EN INGLATERRA POR MARGARET THATCHER.

Por entonces yo aún no sabía que prohibir y censurar era uno de los pasatiempos favoritos de Margaret Thatcher y no podía ni imaginar qué cantidad de imágenes terroríficas y sangrientas podía aguardarme con esta película. Así que jamás la alquilé y cuando la ví hace unos pocos años descubrí que si hubiese alquilado Pesadillas de una mente enferma, hubiese acabado aún más tarado por este cine de lo que ya estoy.

Mala con avaricia sí, pero sangrienta y cruel como muy pocas del género.

De pequeño sentía un gran amor por los animales (que aún conservo) y me gustaba alquilar películas donde perros, gatos o canguros fuesen los protagonistas. No así con los monos, que me daban muchísima grima. Y como no, el motivo fue otra carátula de videoclub.

Link tuvo la culpa. Una película de serie B con la presencia de una jovencísima Elizabeth Shue que trata de la vida de una joven al irse a vivir a la mansión alejada de un zoólogo que convive con tres chimpancés más que sospechosos. Especialmente Link, el chimpancé que da título al film.

Un mono vestido de hombre ya es algo que causa bastante desasosiego, por lo menos a mí, pero éste en concreto con esa cara de bestia asesina, con sangre humana a sus pies mientras enciende una cerilla fue algo que me superó.

Apenas la recuerdo, la ví hace bastantes años y tan sólo recuerdo una imagen en la que Elizabeth Shue se está desnudando y Link la mira desde la puerta del dormitorio. En general sí recuerdo que no es una película agradable ni muchísimo menos una película buena.

Las películas de terror italianas también hicieron su peculiar trabajo en mi subconsciente como fue por ejemplo el caso de Aquarius.

Una película que ya se ha convertido en un clásico dentro del giallo, Aquarius trataba sobre un grupo de jóvenes actores de teatro que van cayendo uno tras otro a manos de un asesino ataviado con una máscara en forma de lechuza.

Desgraciadamente es una película que ha envejecido muy mal pero que recuerdo con bastante cariño, ya que es una de las pocas que me atreví a visionar en su momento descubriendo que daba mucho miedo, casi tanto como la carátula en la que el asesino lanza su hacha contra un acuario donde gritan con horror tres cabezas humanas.

El Anticristo fue creo que con diferencia la carátula que más miedo me dio en su momento. Esta imagen de la derecha no se corresponde con la carátula que se podía ver en España, pero la imagen de la actriz con los ojos alucinados, la boca abierta y vómito saliendo de ella es muy similar a la que tuve la suerte-desgracia de ver hace tantos años.

También fue la película más decepcionante. La protagonista es hija de un príncipe interpretado por Mel Ferrer que hará lo posible para que su hija Hipólita recupere la movilidad de sus piernas. Le aseguran que a través de la hipnosis (?) podrá volver a caminar y es en una de las varias sesiones cuando toma contacto con su anterior vida en la que fue una bruja quemada en la hoguera. El diablo se manifiesta y empiezan los vómitos, las blasfemias… lo de siempre.

Y en este otro caso fue también la frase de reclamo publicitario lo que me causó bastante terror.

Dios creó el hombre. Ahora verás lo que ha creado Amanda.

Y tras esa frase unas manos de mujer agarrando un bote con algún extraño ser en su interior. Es una de las pocas películas que jamás ví, ni antes ni ahora.

Conforme voy escribiendo voy recordando otras que ni siquiera pululan por la red, películas tan malas o tan mal distribuidas o recibidas con tan poco entusiasmo en su día que casi nadie las recuerda. Luego otras carátulas han cambiado su diseño con las nuevas reediciones en DVD y en nada tienen que ver con las que fueron en su día.

Es curioso descubrir que es el propio miedo lo que nos hace buscarlo con más fervor. Que cuanto mas miedo pasamos, más miedo queremos pasar.

En mi caso, descubrí lo que era el miedo paseando por los pasillos de viejos videoclubes que ya no existen. Y desde entonces no puedo vivir sin sentirlo, o por lo menos recordar que hubo un día en el que el cine (y sus carátulas) podían conseguirlo.