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Ocurrió en Los Ángeles, a principios de los años ochenta. Las denuncias por violaciones llamaron la atención de la policía. El violador entraba en casa de la víctima, la violaba con extrema crueldad y abandonaba el lugar con la misma tranquilidad con la que había entrado.

En un principio el asesino violaba y ocasionalmente robaba algo de valor. Con el tiempo incluyó el asesinato en su modus operandi.

Richard Ramírez era el nombre del asesino que fue bautizado por los medios como “El merodeador nocturno”. Buscaba casas apartadas en mitad de la noche para acceder a ellas y violar, torturar, matar y dedicar sus crímenes a Satán exclamando ¡Salve Satán! o dibujando pentagramas en las paredes.

Fanático del grupo AC/DC, mientras acechaba el lugar donde daría rienda suelta a sus impulsos homicidas, escuchaba este grupo en su walkman sin parar, incluso llegando al punto de cantar sus canciones mientras cometía sus crímenes.

Una de las víctimas supervivientes recuerda como le susurró al oído: Jura por Satán que no llamarás pidiendo ayuda.

En otra ocasión llegó a sacar los ojos de una víctima con un cuchillo de cocina y enviarlo al día siguiente a su domicilio.

En total, en dos años según las fuentes, mató a catorce personas y violó a otras nueve.

Fue identificado gracias a una víctima que se asomó por la ventana tras ser atacada y pudo reconocer su vehículo.

El automóvil fue abandonado por Ramírez pero la policía ya había tomado huellas y reconocido su identidad.

En aquel momento se encontraba fuera de la ciudad de Los Ángeles e ignoraba por completo que se había iniciado una búsqueda infructuosa.

Al volver a la ciudad casi fue linchado por unos transeúntes que le reconocieron en una licorería, curiosamente fue la policía quien salvó su vida. Al ser detenido le pidió a un agente: Dispárame tío, mátame, no merezco vivir.

En el juicio se mostró sonriente y en ningún momento dió señal alguna de arrepentimiento, la imagen en la que muestra orgulloso su pentagrama tatuado en la mano dió la vuelta al mundo, así como sus palabras cuando el juez dictó sentencia: Estoy más allá de su experiencia, más allá del bien y del mal. Las legiones de la noche, los engendros de la noche no repetirán los errores del merodeador nocturno y no serán piadosos.

En 1989 fue declarado culpable de todos los cargos (catorce asesinatos, nueve violaciones, cinco intentos de asesinato, dos secuestros, catorce allanamientos de morada, cinco robos y diversos actos de sodomía y felaciones forzadas) y condenado a muerte. Años después se casó en prisión con una chica a la que conoció por correspondencia.

Actualmente espera en el corredor de la muerte de la prisión de San Quintín.