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Russ Meyer, director de cine, guionista y fotógrafo pasará a la historia como el creador de la saga “Vixens”. Películas de temáticas absurdas donde lo importante eran los enormes pechos de las intérpretes femeninas.

En la Segunda Guerra Mundial participa como camarógrafo de la división del General Patton y una vez finalizada la guerra trabaja en el mundo del cine (incluso colabora en la película “Gigante” protagonizada por James Dean y Elizabeth Taylor).

Tras trabajar como fotógrafo en la revista “Playboy” comienza su fulgurante carrera en el cine por el que hoy es recordado mundialmente.

Director de veintinueve largometrajes, su saga “Vixens” y “Faster Pussycat! Kill Kill!” serían las películas clave de su filmografía.

Su primera parte “Vixen” rodada en el año 1968 nos cuenta la historia de Vixen Palmer, una jovencita de pechos turgentes y sexualidad desbordante que se acuesta con todo el que se le pone por delante mientras su marido Tom, trabaja todo el día ajeno a las actividades de su esposa.

Hasta el año 1975 no rodaría la segunda parte “Supervixens”, donde su protagonista Superángel es otra mujer de grandes pechos y ninfómana que es asesinada por el sheriff del pueblo que culpará al marido de ésta persiguiéndolo por todo el país.

Un año más tarde rueda “Up!” también conocida como “Megavixens”, cuya historia es la más disparatada, si cabe,  de toda la saga.

La película narra la historia de un doble de Hitler que vive oculto en un castillo donde sacia sus apetitos homosexuales en compañía de dos hermanas ninfómanas.

Se podría definir también como una película gore ya que hay litros y litros de sangre y asesinatos disparatados como un pez carnívoro en una bañera.

La última parte la rodaría en el año 1979 con el título de “Más allá del valle de las Ultravixens”, en la que Russ Meyer nos sorprendió con apariciones de mujeres de pechos mucho más grandes que las anteriores.

En esta película nos narra la historia de Lavonia, una mujer insatisfecha sexualmente ya que su marido no puede hacer el amor mirándola a la cara lo que la empujará a buscarse amantes mientras su marido tiene que enfrentarse a otras mujeres que quieren acostarse con él.

El cine de Russ Meyer no es pornográfico y me atrevería a decir que ni siquiera es erótico, es el cine que en su momento se definía como “nudie” esto es, películas con muchos desnudos, pero sin sexo explícito.

Con un trasfondo muy machista donde todas las mujeres buscan sexo y lo hacen con quien se les ponga por delante, Russ Meyer se ganó el odio de mucha gente, pero también muchísimos admiradores de sus películas donde la liberación sexual ficticia y exagerada de la mujer sirvió para influir en otros directores gamberros como John Waters, que se considera un fan de este director.

Hoy en día verdaderas joyas del cine underground, Russ Meyer se ha erigido con el paso de los años en un referente clave del cine más irreverente con una legión de admiradores que luchan porque su figura esté entre los grandes del séptimo arte.

El nombre de la rosa; miedo y medievo

Publicado: 25 enero 2010 de custer74 en Cine
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Cuando en 1980 Umberto Eco publica “El nombre de la rosa”, no sólo estaba inmortalizándose en los anales de la literatura mundial, además había escrito un taquillazo fruto de su futura adaptación que llevó a cabo Jean Jacques Annaud seis años después.

La versión cinematográfica de “El nombre de la rosa” es posiblemente la mejor recreación histórica del medievo jamás realizada. Los primeros acordes de la banda sonora de James Horner tan sólo destapan el tarro de las esencias. En los créditos iniciales nos regala una fotografía distante, incolora, casi tétrica, digna de su director Tonino Delli Colli. Su ambiente claustrofóbico y desasosegante se apodera del espectador nada más entrar en la abadía con sus dos protagonistas;  Sean Connery (Guillermo de Baskerville) y un bisoño Christian Slater (Adso de Melk).

Allí nos encontramos una suerte de personajes oscuros, siniestros, deformes (con una lección magistral del camaleónico Ron Perlman) y que lejos de habitar en la virtud son movidos por pecaminosas y bajas pasiones. La sucesión de crímenes que se cometen en la abadía hacen que su abad confíe a Fray Guillermo su investigación, en la que el sagaz franciscano irá descubriendo que en la abadía nada es lo que parece y que todos ocultan oscuros secretos que con el paso del tiempo se han hecho casi perennes.

El fundamentalismo reinante, abanderado por un inconmensurable Feodor Chaliapin Jr. (Jorge de Burgos) inspirado físicamente en Jorge Luis Borges, obstaculiza todo lo que es saber, conocimiento y pensamiento. En medio de este clima de miedo e intrigas, se celebra en la abadía una reunión con enviados papales que discuten con los franciscanos la vida de pobreza que estos preconizan y que según ellos llevó Jesucristo y debía llevar la iglesia.

Nos encontramos en un momento en el que La Santa Inquisición persigue la herejía dentro incluso de las órdenes religiosas. Inquisidores como Bernardo Gui -personaje extraído de la realidad-, dominico  martillo de herejes, cuya crudeza impresionó e impresiona aún.
Con un presupuesto digno de Hollywood  “El nombre de la rosa” es sin duda una de las adaptaciones más acertadas jamás realizadas.

“Y lo que queda de una rosa es solo su nombre”.


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“Little Bastard”, el coche maldito de James Dean

Publicado: 21 enero 2010 de peppermintfrappe en Cine
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El 21 de Septiembre de 1955, James Dean compró el coche con el que moriría y se convertiría en una leyenda. Un Porsche Spyder 550 al que llevó a un taller donde pintaron el número de competición 130 y el nombre que Dean había dispuesto para su nuevo coche: “Little Bastard”.

El día 30 de ese mes, James Dean junto a su mecánico Rolf Weutherich, su amigo Bill Hickman y el fotógrafo Sandford Roth se dirigieron a Salinas para hacer un reportaje sobre la carrera.

El mecánico y el fotógrafo seguían el Porsche de James Dean que viajaba con su amigo Bill de copiloto.

Casi a las seis de la tarde, en la intersección de la Ruta 466 con la 41 en Cholame apareció un Ford Tudor conducido por Donald Turnupseed, un joven de veintitrés años.
El Ford giró a la izquierda para coger la intersección, Dean creyó que le vería acercarse y disminuiría la velocidad o la aumentaría para quitarse de en medio. En lugar de esto, el Ford se quedó en mitad de la calzada bloqueando el camino de James Dean.

El golpe fue brutal, el Porsche salió despedido y lanzado contra un poste.

James Dean murió instantáneamente por rotura de cuello y otras lesiones internas, su acompañante se rompió el cráneo y se partió una pierna y Donald, el conductor del Ford solo se había roto la nariz.

Pero como si la desgracia y la muerte se hubiesen quedado grabados en la carrocería de “Little Bastard”, otros acontecimientos extraños tuvieron lugar con los restos del Porsche.

Algún tiempo después, el dueño del taller y quien había pintado el nombre del coche de James Dean adquirió los restos de “Little Bastard” para vender las piezas que se habían salvado.
Cuando llevaron el coche a su taller, el coche resbaló de la grúa que lo transportaba cayendo sobre un mecánico rompiéndole las dos piernas.

Pudieron salvar el motor, la transmisión y las llantas.
El motor y la transmisión se vendieron a dos médicos amantes de las carreras de Beverly Hills, Troy McHenry y William Eschrid.

El doctor McHenry murió al estrellarse contra un árbol y el doctor Eschrid sufrió un grave accidente del que se libró por muy poco.

Un neoyorkino compró dos llantas que instaló en su coche y que reventaron mientras conducía sufriendo un accidente.

Pero la maldición de “Little Bastard” aún no había terminado.

Dos ladrones se colaron en el taller donde se guardaba el coche para sustraer algunas piezas y venderlas. Uno de ellos se destrozó el brazo mientras intentaba robar el volante y el otro también se hirió de gravedad mientras intentaba arrancar el asiento manchado de sangre de Dean.
La Patrulla de carreteras de California adquirió de forma temporal a “Little Bastard” para una exposición itinerante de seguridad vial.

En una de esas exhibiciones, el garaje donde se encontraba el Porsche ardió en llamas, devorando a todos los coches que había allí…excepto a “Little Bastard”.

A los dos años de la muerte de James Dean, en una de esas exhibiciones, el Porsche se cayó de donde estaba colocado rompiendo la cadera de un espectador.

Tiempo después, en una nueva exhibición que tendría lugar en Salinas (lugar donde murió Dean) el camión que transportaba a “Little Bastard” sufrió un accidente al colisionar con otro vehículo, lanzando despedido al conductor por el parabrisas, pero el Porsche resbaló y le cayó encima, matándolo.

El coche de James Dean causó aun más accidentes hasta que un día en mitad de una exposición se desintegró sin ninguna causa.

Se salvaron once piezas que el dueño del taller mandó guardar en once cajas para que se lo enviasen de vuelta a Los Ángeles.

Y las cajas nunca llegaron. Nunca se supo que fue de esos restos del coche maldito de James Dean.

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Garganta profunda y Linda Lovelace

Publicado: 20 enero 2010 de peppermintfrappe en Cine
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Linda Lovelace nació en Nueva York, en el año 1949. A finales de los años sesenta se casa con Chuck Traynor que la inicia en el mundo del porno clandestino.

Tras múltiples apariciones en películas de este tipo alcanza la notoriedad por la que pasó a la historia del cine con “Garganta Profunda” del director Gerard Damiano.

En ella Linda Lovelace se interpreta a sí misma como una mujer incapaz de llegar al orgasmo hasta que su médico descubre que su clítoris se encuentra alojado en su garganta.

La película se llegó a estrenar en salas comerciales, no solo en salas X lo que propició una avalancha de quejas y manifestaciones por parte de grupos moralistas.

Las autoridades intentaron sin éxito (dada la presión de grupos a favor de la película respaldada por actores muy reconocidos de la época como por ejemplo Jack Nicholson y Warren Beatty)  prohibir la difusión de la película, pero todo esto sirvió para darle mas publicidad.

Las colas al cine donde se proyectaba daban la vuelta a las calles, apareció una fotografía en la prensa donde Jackie Kennedy salía de ver el film intentando ocultar su identidad.

La popularidad de Linda Lovelace subió como la espuma, participó en otras películas X con bastante menos gracia con la que se dio a conocer e intentó (sin éxito) participar en películas no pornográficas.

Tiempo después escribió un libro donde renegaba de su pasado como actriz porno y acusaba al que había sido su marido y descubridor Chuck Traynor como un maltratador que la obligaba a trabajar en el cine para adultos a punta de pistola.

Se convirtió en una  feminista radical visitando diversos programas de televisión criticando el cine pornográfico y desvelando secretos de su pasado relacionados con este mundo donde llegó a confesar haber ejercido la prostitución a la fuerza.

El 22 de Abril de 2002 moría en un accidente de coche en Colorado. Pero su leyenda como estrella del cine, protagonista del film de un nuevo sub-género denominado “Porno Chic” e incluso que en  el escándalo Watergate se utilizara el título de la película, la convirtieron en un exponente y referencia constante no solo en el mundo del cine X sino en la cultura popular que perdura hasta el día de hoy.

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John Waters: ODORAMA

Publicado: 20 enero 2010 de peppermintfrappe en Cine
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En el año 1981 John Waters rueda “Polyester” donde se aleja de su estilo guarro y underground para rodar una película que casi se podría considerar “para toda la familia”.
Y si decimos casi, es porque aún conservando su toque personal gamberro y desenfadado (un padre adicto a la pornografía, su hijo es yonki y su hija una ninfómana…) no recurre a imágenes escabrosas o a secuencias solo para adultos.

Muchos fans de Waters se sintieron decepcionados con este film, pero el Príncipe del Vómito aun podía sorprendernos. Y la sorpresa que se guardaba para este film fue el ODORAMA.

Un sistema único, el ODORAMA era una tarjeta que se entregaba a la entrada del cine, llena de numeritos que debían rascarse en el instante en que el número correspondiente aparecía en la pantalla.

De este modo olías en la tarjeta lo mismo que los personajes en la película, pero claro, siendo una obra de Waters los olores eran de pedos, comida podrida, mierda…

Y a partir de entonces llegó el punto de inflexión para John Waters, ya que los grandes estudios se apoderaron de su carrera, no ha perdido la irreverencia, sigue siendo el que siempre fue, pero echamos de menos la libertad con la que nos golpeaba y nos escupía nuestro vulgar conformismo.

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