Posts etiquetados ‘cumpleaños’

Mi mejor regalo de cumpleaños.

Publicado: 16 enero 2010 de peppermintfrappe en Relatos
Etiquetas:,

Creo que la primera vez que reparé en las encías de Carolina fue el día de mi veintiocho cumpleaños. Yo andaba por ahí, por mi casa, rodeado de amigos y conocidos cuando Carolina se acercó a felicitarme. 

Se acercó con una de sus sonrisas de esas que tiene, que parece que en su boca solo hay dientes ya que jamás muestra las encías. Sus sonrisas son tímidas, pero aparte de la timidez hay otra cosa, realmente las oculta, y eso me dio que pensar. 

Me preguntó que me habían regalado y le dije que soy de ese tipo de personas que abre los regalos una vez se han ido todos de la fiesta. Me llamó soso, sonrió sin encías y volvió a la fiesta, dejándome a mí absorto en mis teorías acerca del tema que nos ocupa. 

En el equipo de música sonaba el I Like Chopin de Gazebo y todos meneaban sus cuerpos al son de esa melodía tan dulce.

Tan dulce como la tarta de mi cumpleaños que era de fresa y chocolate, tan dulces como las encías de Carolina. 

Mucha gente se me acercó a felicitarme, a darme efusivos abrazos y sonoros besos, pero mas allá de toda esa realidad yo solo quería las encías de Carolina, fundirme en ellas, formar parte de ellas, vivir para sujetar sus dientes blancos y perfectos por los siglos de los siglos. 

Absorto, tan absorto estaba que el tiempo había pasado tan deprisa que ya era la hora de soplar las veintiocho velas de mi tarta, mi dulce tarta de fresa y chocolate. 

Todos se reunieron alrededor de mi mesa verde de formica, con la tarta en el centro, con los platitos y las cucharillas en torno a ella, cantándome el cumpleaños feliz. 

Comencé a gritar, grité tan alto como pude, insulté a mis supuestos amigos que en su completa ignorancia no sabían que yo no quería tarta, ni deseo, ni velas, ni cucharillas, ni tartas de fresa. 

Se hizo un silencio sepulcral, el único sonido que escuchaba era el tic tac del reloj de la cocina. 

Uno de mis amigos me preguntó que qué me sucedía, que ellos eran mis amigos y que cumplirían el deseo que quisiese para mi veintiocho cumpleaños. 

Lo expuse pensando que se irían de allí y jamás volvería a verles, pero mis amigos son buena gente, tan buenos que son incluso comprensivos. 

A Carolina también le pareció bien, no se puso como loca de contenta pero tampoco se puso a llorar o a gritar cuando pedí lo que quería.

Cada vela en cada hendidura de sus divinas encías, un deseo por cada diente de su boca perfecta y su lengua el lazo que convertía mi regalo en el gran regalo, el mas único y verdadero que jamás tuve. 

La fiesta terminó tarde, yo bailé de pura alegría, bailé hasta marearme, brindé con coca cola por cada uno de mis amigos, brindé por el esfuerzo enorme de Carolina de mantener su boca abierta durante el resto de la velada. 

Al terminar mi fiesta me puse a recoger la casa, nadie se quedó a ayudarme pero no me importaba. Carolina seguía allí, única en su bocalidad, con esa caverna perfecta de dientes y encías que me daban la vida, que me hacían plantearme un futuro hermoso. Una caverna perfecta, un edén de marfil y carne que se mantenía abierta para mi recreo y mi total satisfacción. 

Carolina no puede hablar, solo mantiene su boca abierta y yo no puedo dejar de mirarla. 

Y en mi vida me he sentido mas feliz.