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H2Olga

Publicado: 17 enero 2010 de peppermintfrappe en Relatos
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H2OlgaIntentaré ser lo mas sincero posible, me ahorraré ciertos detalles pero habrá otros en los que me veré obligado a incidir. 

Detalles verdaderamente escatológicos pero imprescindibles para entender mi historia. 

Todo comenzó cuando conocí a Olga, bendita Olga, jamás conocí a ninguna mujer tan hermosa, dulce y a la vez atormentada y solitaria. 

Mejor comenzaré a contar su historia antes de conocernos, antes de aparecer yo en escena. Tal y como ella me contó su vida aquella tarde de noviembre de hace ya tres años. 

Olga era lo que se denomina la mujer perfecta, no solo por su cuerpo, su par de tetas, su cara de ángel inocente y su cabello liso y brillante. Obviaré toda esa mierda, a lo que me refiero es que era una mujer honesta, sincera, leal, muy preparada a nivel profesional ( tenía dos carreras y un master), económicamente independiente y muy responsable. 

Pero tenía un problema, un problema muy serio en esta asquerosa sociedad llena de tópicos, y ese problema era que olía mucho a sudor. Muchísimo. 

Lo intentó todo, desodorantes, cremas, tratamientos…medio en broma medio en serio me decía que a veces deseaba pasarse un rayador de queso por sus axilas, pobrecita. 

Le costaba horrores el relacionarse de un modo normal en el día a día, ya que todos opinaban los mismo, que su olor corporal era acre y muy vivo. Cuando Olga entraba por una puerta, por la ventana entraban las náuseas. 

Era virgen, claro, y me resulta curioso teniendo en cuenta la cantidad de enfermos y depravados que vagan por el mundo con gustos que rayan el pecado mortal, pero probablemente esos locos no se toparon con Olga ya que como he dicho, era virgen. 

Se duchaba entre tres y cuatro veces al día, se ponía desodorantes y perfumes caros de esos que usaban las actrices del Hollywood de antes pero ni por asomo, no había nada que hacer. Su olor era su destino, un destino predeterminado. 

Qué pena, un destino predeterminado por un olor corporal, ¿y el resto de valores no contaban? 

Cuando era niña, en el colegio y mas tarde en el instituto…bueno, os podéis imaginar la cantidad de burlas que tuvo que soportar. 

Pero eso no la hizo cambiar, ella era única, perfecta, ella era mi novia. 

Cuando nos conocimos yo acababa de salir del hospital por un accidente de coche, nada grave en realidad, y lo último que esperaba era conocer a la mujer de mi vida en la sala de un cine. 

Me aficioné a las reposiciones de un antiguo cine de barrio al que casi no acudía nadie y allí fue donde la conocí. 

Ese día ponían La Última Tentación de Cristo y la sala estaba vacía, me sorprendió ver en la oscuridad que hubiese alguien sentado justo en la primera fila, indudablemente haciendo esfuerzos con su cuello para poder ver la película. 

Si me preguntaseis no sabría responderos por qué me senté justo detrás de ella. 

Tras acabar la película y encenderse las luces por fin pude ver su cara. Ella me miró, una mirada muy penetrante, pero una mirada triste, no hay nada que me excite mas que una mujer hermosa con algo de oscuridad en sus ojos. 

Salí tras ella y me armé de valor para preguntarle que le había parecido la película. 

Ella se quedó muy sorprendida, dudó unos instantes y me dijo que ya la había visto, pero solo en la tele y que le apetecía verla en pantalla grande y que claro que le gustaba. 

Yo solo la miraba, no sabía que decir y ella rompió ese silencio proponiéndome una copa en un bar cercano. 

Eso me desarmó, una mujer sola en un cine, espectacularmente guapa, bien vestida, con clase y elegancia que me invitaba a una copa. Creí que sería una chica de esas a las que pagas por sexo, no me gusta el término que se les aplica, prefiero ese término nuevo, ¿scort? 

Me dejé de neuras y de películas raras y acepté. 

A la media hora ya estábamos por la segunda copa, riendo y bromeando de cosas cotidianas, ¡qué divertida era! 

Noté que desde un primer momento evitaba una cercanía física y lo achaqué a algún trauma o vete a saber que. 

Nos intercambiamos los teléfonos, empezamos a salir, yo no me podía creer tan afortunado. 

Incluso llegó el momento de hacer el amor y sucedió y descubrí que era virgen y fue entonces cuando me contó su historia. 

Pero Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, y si ella apestaba yo había perdido el sentido del gusto y del olfato en aquel accidente del que os hablé. 

¿Se podía ser más feliz? Me daba igual como la miraran por la calle, como se tapaban las narices a su paso, yo tenía la mejor parte, yo la tenía a ella. 

Pero toda historia ha de tener su final, sea este trágico o no, que en mi caso fue trágico. 

Fue un día de agosto, un día muy caluroso; ella se empezó a encontrar mal (el calor la hacía sudar demasiado y en ocasiones llegaba incluso a desmayarse por la pérdida de líquidos). 

Yo la metí en la bañera, llena de agua fría y fui a por hielo.

Cuando volví al baño ella no estaba en la bañera, allí solo había agua. 

La llamé a gritos pero no respondió. 

Me senté en la taza del váter y rompí a llorar, solo había tardado unos diez segundos del baño a la cocina y en el suelo no había rastro de huellas mojadas. 

Entonces caí en la cuenta, hacía demasiado calor, mas de cuarenta grados, la sumergí en agua… 

La había perdido, la había perdido para siempre pero aún podía hacer algo para que formara parte de mí.

Fui a por un vaso, lo llené de agua de la bañera y lo bebí y luego otro vaso y otro y otro más. 

Calculo que bebí unos veinte litros de agua, y sentí, realmente sentí que su esencia formaba parte de mi ser. Pero no en un sentido poético. 

Bebí de ella o mejor dicho, me la bebí. 

Cada gota del sudor que exudo desde entonces es Olga, Olga cuando lloro, Olga cuando sudo, Olga cuando meo… 

AguaOlga quita la sed. 

No sirvo como creativo publicitario pero creo que soy el mejor amante del mundo.