Posts etiquetados ‘lou reed’


El musical es un género que siempre ha estado presente en el mundo del cine. Hay cientos, miles de películas que han empleado la música como reclamo cómico o dramático para ampliar o reforzar la fuerza de su historia, de sus personajes, de su drama.

Muchas ellas serán siempre recordadas, como es el caso de West Side Story, Grease, The Rocky Horror Picture Show y tantísimas otras.

En este caso, nos referimos a una película musical que años antes de convertirse en celuloide, ya cosechó un grandioso éxito de crítica y público por lo original de su argumento y la belleza de sus canciones.

En el año 1998, John Cameron Mitchell sorprendió al público con la historia de Hedwig, un transexual de la República Democrática Alemana que tras una intervención mal realizada y un pasado romántico desastroso, decide formar un grupo de música en el que contar sus historias y sus desvaríos.

Tan sólo tres años más tarde (para entonces el musical ya se había transformado en una obra de culto con miles de fans) se decide a convertirse en largometraje. John Cameron Mitchell se encargaría de interpretar el papel protagonista, escribir el guión y asumir la dirección.

El resultado sorprendió incluso a los productores. El film unificaba con un estilo fresco y original el musical más inteligente con sólidas interpretaciones, pegadizas letras y un guión tan divertido como trágico. La película ganó en el festival de Sundance en 2001, el premio del público y el premio al mejor director.

En “Hedwig and The Angry Inch” conocemos a Hansel, un niño creativo y gran amante de la música que vive con su madre en la Alemania dividida. Tras encontrar a Luther, un soldado americano que se enamora de él, adopta el nombre de su madre y se somete a una intervención de cambio de sexo para poder casarse y huir a Estados Unidos.  La intervención es un fracaso y el resultado es una vagina inexistente y una pulgada de pene (a la que Hedwig se refiere como “angry inch”; pulgada enfadada).

Tiempo después es abandonada por Luther y es entonces cuando forma su grupo y convierte su drama y su búsqueda del amor en canciones con las que descargar los pormenores de su insólita historia. Pero tras conocer y enamorarse de Tommy Gnosis, todo se vuelve aún más trágico, ya que le roba sus canciones y se convierte en una super estrella de la música, dejando a Hedwig de lado.

Hedwig que se autoproclama “la internacionalmente desconocida”, persigue las giras de Tommy frustrada y resentida, incansable ante la búsqueda imposible del verdadero amor.

Con un estilo glam-rock potente y vibrante claramente influenciado (y mencionado en el film)  por artistas como Lou Reed, Iggy Pop o David Bowie, “Hedwig and The Angry Inch” es una película de obligado visionado no sólo para los amantes de los musicales, sino también para los amantes del buen cine. Ese cine que resulta ser a la vez irreverente, mordaz y sincero.

También los amantes de la música se verán arrastrados por las letras de Hedwig; rotundas, divertidas, directas y desgarradoras.

Por estos argumentos y muchísimos otros que reúne la película, se puede afirmar que este trabajo es uno de los más completos y enriquecedores que ha dado el séptimo arte en los últimos años.


Joe Dallesandro es el único e indiscutible referente erótico masculino underground del siglo veinte.

Descubierto por Andy Warhol y Paul Morrissey a finales de los setenta, Dallesandro se convirtió inmediatamente en el protegido de ambos, participando en todos los proyectos que se rodaron en la Factory.

Con un turbio pasado de chapero y actor porno gay, se interpretaría a sí mismo en la famosa trilogía dirigida por Morrissey y producida por Warhol: “Flesh”, “Trash” y “Heat”.

Es por su participación en dichas películas cuando se convierte en un icono sexual tanto para hombres como para mujeres.

Sin ningún tipo de reparo a desnudarse frente a una cámara (en “Flesh” aparece totalmente desnudo más de la mitad de la película), Dallesandro rompió el tabú del desnudo masculino en el cine. Incluso se podría decir que actuaba mejor sin ropa que vestido.

Si sumamos su gran atractivo físico junto con su abierta bisexualidad entenderemos por qué Warhol no paró hasta convertirlo en una super estrella del cine que producía.

En la citada trilogía que le lanzó a la fama, Dallesandro no necesitaba interpretar ningún papel. Al contrario, se podría decir que Morrissey colocaba una cámara oculta y él se manejaba como en la vida real. Rodeado de travestis, yonkis, fulanas y chaperos de la peor calaña, se limitaba a revivir su pasado de la manera más sencilla. Siendo él mismo.

En el año 1973, Paul Morrissey rueda “Carne para Frankenstein” y un año más tarde “Sangre para Drácula”. En esta ocasión Dallesandro le cede el testigo de protagonista al actor Udo Kier, mucho más formado y versátil.

Ambas películas fueron rodadas en Europa y Joe decide no volver a los Estados Unidos, participando en numerosas películas de serie B y trabajando a las órdenes de directores de renombre como Louis Malle o Jacques Rivette, entre otros.

Años después regresa a Estados Unidos y continúa trabajando en el cine, esta vez con directores tan importantes y dispares como John Waters, Francis Ford Coppola y Steven Soderbergh.

Su imagen y su nombre como reclamo publicitario o simplemente como homenaje apenas tiene límites. Grupos musicales como Rolling Stones o The Smiths han utilizado su imagen en portadas de sus discos.

Cantantes de la talla de Lou Reed lo han incluido en sus letras. En este caso en concreto en la canción Walk on the wild side, donde Lou Reed se refiere a Dallesandro como Little Joe. Esto explica el tatuaje que luce en su hombro derecho.

Hoy en día, a sus sesenta años y más de cuarenta películas en su haber, Joe Dallesandro continúa siendo ese icono de la subcultura más brillante y creativa. Una leyenda viva que en ningún momento ha renegado de su pasado, demostrando ser un artista brillante, único y auténtico.