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La historia de Frances Farmer,  gran actriz de teatro, cine y televisión se podría definir como la película real más horrenda que tuvo que ver con una estrella del espectáculo.

Tras firmar un contrato con la Paramount se muda a Hollywood (había nacido en Seattle), se casa y comienza una extraña vida con actitudes aún mas extrañas.

Tras varias denuncias por agresión, conducción bajo los efectos del alcohol y resistencia a la autoridad sumado a su carácter irritable y su actitud caprichosa fue encarcelada en varias ocasiones. Lo peor vendría después, cuando fue diagnosticada de trastorno maníaco depresivo y fue recluida en un centro psiquiátrico.

Fui violada por funcionarios del sanatorio, mordida por ratas y envenenada con comida podrida. Me encadenaron en celdas de seguridad, fui maniatada con camisas de fuerza y medio ahogada en agua helada; diría la actriz tras haber vivido un auténtico infierno en varios manicomios.

Su suplicio duró siete largos años en los que no faltaban las peores humillaciones que se  puedan concebir, múltiples violaciones y espantosas torturas.

En una ocasión logra huir del centro donde se encontraba cautiva para buscar refugio en casa de su madre, que la devuelve rápidamente al manicomio donde se le somenten a horribles y repetitivas sesiones de electroshocks.

Tras mucho tiempo en estas condiciones se la considera “curada” y puede abandonar los centros psiquiátricos.

Frances volvería a casa de sus padres pero tras una disputa donde Frances golpea a su madre, ésta logra que la internen de nuevo.

Se le vuelve a someter a electroshocks, usan su cuerpo como conejillo de indias para probar los efectos de drogas nuevas, se la obliga a prostituirse con enfermeros y soldados, la internan entre asesinos y locos peligrosos para atemorizarla aún mas y se le obliga a pelear por la comida entre los demás internos, que se servía en el suelo.

En el año 1950 es dada de alta y de nuevo regresa a casa de sus padres enfermos para cuidar de ellos. Se vuelve a casar y trabaja como secretaria en California y luego como recepcionista de un hotel en San Francisco. Se divorcia y se casa por tercera vez con el que será su tercer y último marido, que la anima a relatar sus experiencias.

Consigue volver a trabajar, esta vez en el mundo de la televisión con su propio programa hasta que muere de cáncer a la edad de cincuenta y seis años.

En 1982 Jessica Lange protagonizaría el biopic de Frances Farmer en la película “Frances” que la llevó a ser nominada a mejor actriz en la ceremonia de los Oscars.

El grupo Nirvana le dedicó una canción llamada “Frances Farmer will have her revenge on Seattle” y Courtney Love vistió un traje que había pertenecido a la actriz el día de su boda.

Una vida muy triste, horrenda, pero que jamás la hizo rendirse ante nada y continuar luchando hasta el fin de sus días.

Frances Farmer por fin descansa en paz.

El adiós de Kurt

Publicado: 21 enero 2010 de peppermintfrappe en Música
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Para Boddah:
Hablando como el simplón experimentado que obviamente preferiría ser un castrado, quejica infantil. Esta nota debería ser muy fácil de entender.

Todas las advertencias que me enseñaron en los cursos de Punk-Rock 101 a lo largo de los años, desde mi primer contacto con la -digamos- ética implicada en la independencia y la vinculación con mi entorno, han demostrado ser muy ciertas. Desde hace ya muchos años, no he sentido la emoción de escuchar ni crear música, ni tampoco leyendo o escribiendo. Mas allá de la palabras sobre este tema, me siento culpable.

Por ejemplo, cuando estamos entre bastidores y se apagan las luces y el maníaco rugido de las multitudes comienza a escucharse, no me afecta de la forma en que afectaba a Freddy Mercury, a quien parecía encantarle y saborear que el público le amase y adorase (lo cual admiro y envidio totalmente). El hecho es que no os puedo engañar, a ninguno de vosotros. Simplemente no es justo ni para vosotros ni para mí. El peor crimen que puedo imaginar seria engañar a la gente simulándolo y fingiendo que me estoy divirtiendo al cien por cien. A veces siento como si debiera haber marcado en el reloj de fichar antes de salir del escenario. He intentado todo lo que estaba en mi mano para valorarlo (y sigo intentándolo, Señor, créeme que lo hago, pero no es suficiente). Aprecio el hecho de que hayamos influenciado y entretenido a mucha gente. Debo ser uno de esos narcisistas que sólo aprecian las cosas cuando ya han pasado. Soy demasiado sensible. Necesito estar un poco colocado para recuperar el entusiasmo que una vez tuve cuando era un niño.

En estas tres últimas giras, he apreciado mucho más a toda la gente a la que he conocido personalmente, y como admiradores de nuestra música, pero aun no puedo superar la frustración, la culpa y la empatía que siento hacia todos ellos. Hay bondad en todos nosotros, y creo que simplemente amo demasiado a la gente, tanto que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico Piscis un poco triste, sensible, desagradecido. ¡Dios mío! ¿Por qué simplemente no lo disfrutas? ¡No lo sé!

Tengo una mujer divina que exuda ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho a como yo fui: llena de amor y de alegría, que besa a todo al que conoce porque para ella todo el mundo es bueno y no le harán daño. Y eso me aterroriza hasta el punto de que prácticamente me paraliza. No puedo soportar la idea de que Frances se convierta en el miserable, autodestructivo y siniestro rockero en que me he convertido yo.

Me va bien, muy bien, y estoy agradecido, pero desde los siete años odio a la gente en general… Sólo porque a la gente parece resultarle fácil apañárselas para sentir empatía. Sólo porque amo y me compadezco demasiado de la gente, supongo.

Gracias a todos desde lo más profundo de mi ardiente y nauseabundo estómago por vuestras cartas y vuestro interés durante los últimos años. Soy una criatura demasiado voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión y, según recuerdo, es mejor quemarse que desvanecerse lentamente.

Paz, amor y comprensión.
Kurt Cobain
Frances y Courtney, estaré en vuestro altar.
Por favor, Courtney, sigue adelante.
Por Frances.
Por su vida, la cual será mucho más feliz sin mí.
¡Os quiero! ¡Os quiero!

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